Cómo salir de la zona de confort para crecer

Cómo salir de la zona de confort para crecer
Cómo salir de la zona de confort para crecer

La expresión zona de confort es muy utilizada hoy en día para describir la comodidad que sentimos todos al realizar actividades que son familiares, predecibles y que producen un resultado esperado, minimizando así la ansiedad e incertidumbre.

Mantenerse en la zona de confort es un comportamiento instintivo del ser humano, de esa manera se ahorran energías y se sostienen situaciones o etapas tranquilas y de bajo riesgo.

En contraparte, evitamos salir de nuestra área de confort por miedo. Miedo a no recibir el mismo resultado, miedo a perder algo, miedo a confrontar algo, miedo a tener que producir nuevas formas de hacer las cosas, miedo al fracaso o a la reprobación de los demás.

Entonces, si la zona de confort es tan segura, tan placentera, tan predecible ¿Qué necesidad tenemos de salir de ella?

La principal consecuencia de vivir en la zona de confort en nuestras relaciones, en nuestro trabajo, en nuestra condición física, etc. es que nos limitamos, nos estancamos, nos paralizamos.

Es claro que, si algo está funcionando bien, no tenemos por qué cambiarlo abruptamente todo el tiempo. Pero vivir en la zona de confort no tiene nada que ver con vivir una situación o proceso placentero o estable. Vivir en la zona de confort es dormirse encima de la cosecha y pensar que la próxima va a crecer sin esfuerzo adicional.

La zona de confort es una zona peligrosa, pues todo luce bien o predecible, pero nos descuidamos fácilmente, dejamos de estar atentos a los detalles, a los pequeños cambios a las nuevas oportunidades, y, tarde o temprano, la vida te saca a patadas de la zona de confort.

Entonces, antes de que el dueño de la propiedad te expulse a palos, es mucho más valiente elegir una nueva propiedad para habitar o decirle al dueño que se la compras para remodelarla.

Ahora veamos tres manifestaciones de la zona de confort:

Zona segura

Permanecemos estáticos en esta zona de confort, gracias al miedo o al riesgo de perder algo, ya sea un cargo, una posición social, una relación tóxica, una asistencia económica o un ingreso supuestamente garantizado.

También se puede manifestar cuando renunciamos a nuevos riesgos, orientado a mejorar una falencia u oportunidad, con el argumento de que no vale la pena arriesgarse, para incluso perder lo poco que se tiene.

Zona de comodidad

Nuestro cerebro está diseñado para llevar a cabo los procesos que impliquen el menor esfuerzo, esa es una estupenda característica de nuestra evolución humana; sin embargo, cuando esta predisposición se correlaciona con la necesidad de huir de cualquier situación que amenace la comodidad personal, las consecuencias son indicativas de comportamientos cada vez más egoístas y autocomplacientes.

Si deseo bajar de peso, pero no estoy dispuesto a renunciar a nada de mi dieta chatarra o a caminar al menos 20 minutos, es porque soy presa de la zona de comodidad.

Hasta llegar al punto de adecuar todo nuestro entorno para evitar hacer aquellas cosas que implican algo de esfuerzo personal, algo que amenace con ser más intenso que tumbarse en el sofá.

Zona narcisista

Vivir en esta zona se caracteriza por buscar siempre los elogios y alabanzas de los demás y, por el contrario, rechazar o huir de cualquier tipo de crítica o retroalimentación que implique que se debe mejorar o cambiar algo personal.

Cuando habitamos esta zona, tratamos de rodearnos de personas que piensen igual a nosotros y que hagan parte de la comunidad del mutuo elogio. Evitamos la discusión propositiva y vivimos en una falsa burbuja creada a partir de lo buenos que creemos ser en algo, de lo inteligentes que podemos ser o del éxito que podemos conseguir.

¿A cuáles de estas zonas has pertenecido?

¿En verdad vale la pena ocuparse de salir de la zona de confort? En primera instancia nos podemos decir a nosotros mismos que no vale la pena tanto esfuerzo, si así todo va bien. Y en este punto, estoy completamente de acuerdo. Si consideramos que algo marcha bien en nuestra vida y con los demás, no surgiría la necesidad de cambiar nada.

Pero la invitación a salir de la zona de confort es para aquellas personas que desean producir un cambio relevante en sus vidas, crecer en un área determinada o aprender a relacionarse mejor con los otros.

Si ese es el caso el miedo, la pereza o la vanidad no pueden ser las anclas que nos paralicen. En contraste, se deben convertir en los precursores del cambio.

Estas son las diez formas para salirnos de la zona de confort:

  1. Observa de forma atenta los matices de tu vida y descubre nuevas oportunidades de mejora.
  2. Rétate frecuentemente a ir más allá del mínimo esfuerzo.
  3. Realiza las cosas de forma diferente a la usual.
  4. Ponte metas progresivas y retadoras.
  5. Hazte responsable de tu estado y no te justifiques.
  6. Aprende a recibir feedback de los demás.  
  7. Asimila que el cambio es lo único garantizado.
  8. Comprende que no controlas todo lo que te pasa, pero sí lo que sientes y haces con ello.
  9. Crea nuevos hábitos que mejoren tu bienestar; y elimina los nocivos.
  10. Debes actuar en congruencia con tus metas.

Te invito a poner en práctica algunas de estas recomendaciones y lograrás salir rápidamente de la modorra y la inercia que estancan tu crecimiento.

Para salir de la zona de confort es necesario estar plenamente conscientes de lo que ocurre en cada momento, decidir conscientemente cuando es requerido y asumir una actitud sensata en relación a nuestra decisión.

Lo opuesto de estar plenamente conscientes es vivir en piloto automático. Muchas de las tareas diarias e interacciones pueden llevarse a cabo con automatizaciones recurrentes, pero es un hecho que existen situaciones, momentos que exigen de nuestra plena atención y disposición para resolverlas y llevar a cabo elecciones significantes.

De tal forma que, salirnos de nuestra zona de confort no es cancelar las rutinas de forma definitiva sino, por otro lado, estar conscientes de cuando permitimos que la rutina se replique y cuando asumimos un rol más protagonista en el discernimiento de lo que debemos transformar.

Y, en cualquier caso, estar plenamente conscientes de cada flujo de las acciones, asumiendo cada consecuencia y reaccionando proactivamente ante las adversidades.

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